sábado, 25 de septiembre de 2021

Él me dio un beso en la boca - Caetano Veloso

 

Él me dio un beso en la boca y me dijo:

La vida es una oca como la gorra  

            de un bebé sin cabeza.

Y yo me reí una bocha.

 

Y él: como la oca de una

marsupial borracha.

Y yo dije: basta de tu charla

            de pozo sin fondo.

 

Yo sé que el mundo

es un flujo sin lecho,

y que es sólo en el fondo

            de tu pecho

            que corre un río.

 

Pero él coincidió en que la vida es buena

A pesar de que apenas sea vieja:

            La mina

            es el vacío.

 

Y él rio y río y rio y reía

Y yo dije: basta de filosofía.

A mí me bastaba que el intendente pusiese orden/ En la ciudad

            de Bahía.

Ese hecho afectaría a toda la gente

de la tierra./ Veríamos nacer una paz caliente, los hijos

            de la guerra fría.

 

Sería un anti–accidente

como una rima,

desactivando la trama de aquella

profecía,

            que Vicente me contó

            siguiendo la astronomía.

Que en noviembre del año que inicia

siete astros se alinearan en escorpión/ Como solo en el día

            de la bomba de Hiroshima.

 

Y él me miró/ desde encima

y me dijo, así, a mí:

Delfín, Margaret Thatcher, Menahem, Begin:

            la política es el fin.

 Y la crítica, que no toque la poesía.

La Time magazine quiere decir que los Rolling Stones/ ya no caben en el mundo

            de la Time magazine.

Pero yo digo (él dice)

Que lo que ya no cabe es la Time magazine/ en el mundo de los Rollings Stones/

            Forever rocking

                        and Rolling.

 

Por qué forjar desprecio por los vivos

Y fomentar deseos reactivos

Apaches, punks, existencialistas, hippies, beatniks/ de todos los tiempos

            UniVos.

 

Y él dijo sí, pero sí,

pero no es eso. / Apenas

algunos santos, si tantos, en sus cantos

y solitos.

Él me dijo:

vos estás triste/ porque tu dama te abandona/ y vos no resistís

            cuando ella surje. Ella viene

e instala su cosmético caótico.

            Vos empezás a mirar

con ojo gótico, de cristiano legitimo.

Pero yo soy negro, me niego. Yo sé que eso

no es una piba,

            pero hasta activa

el bello ritmo mulato.

            Y el león ruge:/ el hecho

es que hay un sismo entre mis dioses

y tus dioses.

 

Yo soy del clan de Djavan, vos sos fan de Donato/ y no nos interesa esa triste cristiandad

            de Dylan Zimmerman.

            Y Él todavía diría más,

pero la canción tiene que acabar.

 

Y yo respondí: el dios / que vos sentís

es el dios de los santos: la superficie iridiscente

            de la bola oca.

Mis dioses son cabezas de bebé

            sin gorra.

 

Era un momento sin miedo y sin deseo.

Él me dio un beso en la boca.

Y yo correspondí aquel beso.

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