Él me dio un
beso en la boca y me dijo:
La vida es una oca como la gorra
de un bebé sin cabeza.
Y yo me reí una
bocha.
Y él: como la oca de una
marsupial
borracha.
Y yo dije: basta de tu charla
de pozo sin fondo.
Yo sé que el
mundo
es un flujo sin
lecho,
y que es sólo
en el fondo
de tu pecho
que corre un río.
Pero él
coincidió en que la vida es buena
A pesar de que apenas sea vieja:
La mina
es el vacío.
Y él rio y río y rio y reía
Y yo dije:
basta de filosofía.
A mí me bastaba
que el intendente pusiese orden/ En la ciudad
de Bahía.
Ese hecho
afectaría a toda la gente
de la tierra./
Veríamos nacer una paz caliente, los hijos
de la guerra fría.
Sería un anti–accidente
como una rima,
desactivando la
trama de aquella
profecía,
que Vicente me contó
siguiendo la astronomía.
Que en
noviembre del año que inicia
siete astros se
alinearan en escorpión/ Como solo en el día
de la bomba de Hiroshima.
Y él me miró/
desde encima
y me dijo, así,
a mí:
Delfín, Margaret Thatcher, Menahem, Begin:
la política es el fin.
La Time magazine quiere decir que los Rolling Stones/
ya no caben en el mundo
de la
Time magazine.
Pero yo digo (él dice)
Que lo que ya no cabe es la Time magazine/ en el mundo
de los Rollings Stones/
Forever
rocking
and Rolling.
Por qué forjar desprecio por los vivos
Y fomentar deseos reactivos
Apaches, punks, existencialistas, hippies, beatniks/
de todos los tiempos
UniVos.
Y él dijo sí, pero sí,
pero no es eso. / Apenas
algunos santos, si tantos, en sus cantos
y solitos.
Él me dijo:
vos estás triste/ porque tu dama te abandona/ y vos no
resistís
cuando
ella surje. Ella viene
e instala su cosmético caótico.
Vos
empezás a mirar
con ojo gótico, de cristiano legitimo.
Pero yo soy negro, me niego. Yo sé que eso
no es una piba,
pero
hasta activa
el bello ritmo mulato.
Y el
león ruge:/ el hecho
es que hay un sismo entre mis dioses
y tus dioses.
Yo soy del
clan de Djavan, vos sos fan de Donato/ y no nos interesa esa triste cristiandad
de
Dylan Zimmerman.
Y Él
todavía diría más,
pero la canción tiene que acabar.
Y yo respondí: el dios / que vos sentís
es el dios de los santos: la superficie iridiscente
de la
bola oca.
Mis dioses son cabezas de bebé
sin
gorra.
Era un momento sin miedo y sin deseo.
Él me dio un beso en la boca.
Y yo correspondí aquel beso.
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