miércoles, 22 de diciembre de 2021

Las formas de la habitación I - II

Las fomas de la habitación

 La noche arrodillada sobre figuras

abstractas del goce:

cuatro paredes blancas.


El silencio seco las hojas frágiles,

su materia demostraba el viento

cubría los intersticios, que a la luz

eran lugares comunes.


Espejo de los espejos, una parte

menos el cuerpo

de la noche erguida,

volvió.


Las formas de la habitación

eran la respiración del otro

en la penumbra.


Las formas de la habitación II

Las formas de la habitación        dos

ordenan el relato                         desordenan

como si fuésemos                        el poema,

dos personas manteniendo          todo

debajo de la línea                        el mar

La ficción hace cuerpos, pero cómo

 Él me cantaba: somos hombres

somos hombres cantando,

somos el cuerpo de las grutas, preguntemos

si somos hombres, si seremos

la pecera o el acuario o el pez

que contrae el agua

cuando muere.

Somos hombres, mordía, luego poetas.

Sangran tus noches, él me cantaba

tomadas por la grieta de la llanura, tomada

por su mano y una palabra soplada/ una piedra

que lleva: otra piedra hacia la llanura

tomada por la sangre que pega

donde se usted se ahueca.


La ficción hace cuerpos, pero cómo.

Yo no lo sé

escuchen mi voz

yo no puedo saberlo.

Y mi cuerpo es de hombre en el espejo: ¡Mirenlo!

¡cómo tiembla! ¡cómo el viento agita las ventanas

–digo,

es un decir– los espejos!.

Punzó

El filo perdió el falo

el sonido de vuelta

punzó.

El filo rompió su convección,

como un durazno mi piel lo espera.

El filo perdió el falo, el sonido de vuelta

punzó.

El dedo, el sol y el viento

perdieron el falo

Dios lo perdió

não fala mais.

Ya no hay más meta-,

             meta-,

meta-,

mi vida entremedio: yo no me meto.

Yo meto piedras, uvas, monedas, baterías

cicatrices en mi boca

Yo puedo romperme

y entre lo dicho salir.

Ya, la palabra trepa

por mis cicatrices, habla

las abre y

el carozo cae

de mi boca

el falo vuelve y

acaba

en mis oídos

punzó.

yoado

Me gustaría que en mi epitafio dijese:

Yo morí sin muertes celebradas

por celebrar

el lugar

que se armó con el silencio.

 

Trasvístete o tu muerte

no va a ser un encuentro

con la muerte. Tu cuerpo, tú, será tu epitafio

tu intento de mantener un ojo dormido y un ojo

despierto: ¿dirá el epitafio: el surrealismo ya murió?, 

¿dirá? Tendrá escrito que

Yo ya estoy debajo

y sin forma contengo

el encuentro de la muerte con el amor.


Yo hablo con otras bocas: así se enamoran

las mujeres, tú, que se enamoran de mí.

 

(¿Yo, ya morí como hombre?

¿Yo, ya pasó el rocío?

¿Yo, ya morí como mujer?

¿Yo, ya huelo como flor?)

 

Yo me cito con ellas y yo cito

a la muerte. Yo no la conozco, tú.

Ella pasa por mi boca y ellas

se acuestan con ella.

Yo ya no tengo ojos propios.

Yo contengo el encuentro de la muerte con el amor.

Yo estoy debajo, tú.