Él me cantaba: somos hombres
somos hombres cantando,
somos el cuerpo de las grutas, preguntemos
si somos hombres, si seremos
la pecera o el acuario o el pez
que contrae el agua
cuando muere.
Somos hombres, mordía, luego poetas.
Sangran tus noches, él me cantaba
tomadas por la grieta de la llanura, tomada
por su mano y una palabra soplada/ una piedra
que lleva: otra piedra hacia la llanura
tomada por la sangre que pega
donde se usted se ahueca.
La ficción hace cuerpos, pero cómo.
Yo no lo sé
escuchen mi voz
yo no puedo saberlo.
Y mi cuerpo es de hombre en el espejo: ¡Mirenlo!
¡cómo tiembla! ¡cómo el viento agita las ventanas
–digo,
es un decir– los espejos!.
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