Me gustaría que en mi epitafio dijese:
Yo morí sin muertes celebradas
por celebrar
el lugar
que se armó con el silencio.
Trasvístete o tu muerte
no va a ser un encuentro
con la muerte. Tu cuerpo, tú, será tu epitafio
tu intento de mantener un ojo dormido y un ojo
despierto: ¿dirá el epitafio: el surrealismo ya murió?,
¿dirá? Tendrá escrito que
Yo ya estoy debajo
y sin forma contengo
el encuentro de la muerte con el amor.
Yo hablo con otras bocas: así se enamoran
las mujeres, tú, que se enamoran de mí.
(¿Yo, ya morí como hombre?
¿Yo, ya pasó el rocío?
¿Yo, ya morí como mujer?
¿Yo, ya huelo como flor?)
Yo me cito con ellas y yo cito
a la muerte. Yo no la conozco, tú.
Ella pasa por mi boca y ellas
se acuestan con ella.
Yo ya no tengo ojos propios.
Yo contengo el encuentro de la muerte con el amor.
Yo estoy debajo, tú.
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